IRRESPONSABILIDAD, MAYÚSCULA

La renuncia a sus 29 años de militancia priista de la ex mandataria yucateca Ivonne Aracely Pacheco Ortega es moral y éticamente: injustificable, inadmisible.

No hay nada, que justifique, que sustente su salida.

Menos tratándose, ni más ni menos, que, de una dirigente, que, en más de una ocasión, fue beneficiada (como muchísimos de los que en el pasado tomaron la misma determinación), por los mismos motivos que supuestamente la llevaron a presentar su dimisión a las filas priistas.

Al caso, se le olvidó a Ivonne Aracely Pacheco Ortega, que varios de los cargos públicos que desempeñó, incluida la gubernatura, no llegó porque se los mereciera. Arribó a ellos, gracias a que contó con el apoyo de los que arbitrariamente repartían el pastel, y sobre todo cuando el PRI, era el amo y señor de los destinos de México.

Si ella y muchos de los (as) que tomaron el mismo camino, hubieran defendido en sus tiempos a la democracia, tal y como valientemente lo hizo el siempre entrañable ex gobernador “Carlos A Madrazo” y algunos otros osados, la historia de este país, fuera totalmente otra, distinta.

Mientras cosecharon las mieles del poder, no dijeron absolutamente nada, al contrario, no solo las aplaudieron a rabiar, sino que fueron eficaces y eficientes operadores y ejecutores y a la vez beneficiaros de las torpes excusas que utilizaron para dejar al PRI, verbigracia, la ex secretaria General del CEN del tricolor.

La misma y ridícula fémina, que ahora inútilmente se da baños de pureza cuando todos, capitalmente la clase política nacional, saben de qué pie cojea. En serio: ¡¡A quién pretendió engañar con sus peroratas y carita de inocencia!!

Ivonne Aracely Pacheco Ortega actuó cobarde e irresponsablemente.

Dejó embarcado a cada uno de los militantes, cuadros y dirigentes, que se la jugaron estoicamente con ella.

Si realmente quería luchar por la democratización del PRI, desde adentro habría dado mejores resultados, pero como nunca fue uno de sus reales propósitos políticos, prefirió saltar como las ratas que abandonan el barco que se está hundiendo.

La posición asumida por la ex diputada federal decepcionó a más de uno, pero principalmente a los que, sin ningún interés, más que la defensa de la camiseta priista, creyeron cándidamente en su palabra empeñada.

Al final, los apuñaló por la espalda, como a decenas de seguidores que usó para llegar a cada uno de las encomiendas políticas que obtuvo.

Con su renuncia vino a terminar de ensuciar de estiércol su inmerecida carrera política.

 

“SQUOD SCRIPSI, SCRIPSI”

(LO ESCRITO, ESCRITO ESTÁ)

 

Tenemos confianza en que la detención de la ex titular de SEDATU y de la SEDESOL, Rosario Robles Berlanga, sea la punta de la madeja, pues en el caso de la “Estafa Maestra” como en el de “Odebrecht” y en otras de menor, igual o más calado, el ex presidente de la República, Enrique Peña Nieto, es una pieza clave en todos estos asuntos de escandalosa y desproporcionada corrupción.

Ni modo que el ex titular del Poder Ejecutivo de la Nación, no estuviera enterado de lo que hacían sus subalternos.

Es como si me quisiera hacer creer, que el ex gobernador Arturo Núñez Jiménez no tuvo nada que ver en el descomunal saqueo que cometieron sus testaferros a la hacienda pública estatal.

Si los ex funcionarios federal, estatal y municipal se atrevieron a hacer mal uso de los respectivos erarios, es porque contaban con la complicidad de sus superiores.

Unos y otros, tendrán que responder en su momento por la cascada de delitos que cometieron, a través de sus ex colaboradores.

Siempre y cuando, Andrés Manuel López Obrador y Adán Augusto López Hernández no le tapen sus cochinadas.

Y vayan en serio a acabar con la corrupción, tal y como seguidamente lo afirman en sus discursos.

Si no pasa nada, como algunos creen, la rapiña seguirá dándose en todos los niveles.

 

IvonneOrtega3